Como todavía no me han escuchado… Hablemos otra vez de las etiquetas de los productos de peluquería canina
- Nathalie Ariey-Jouglard

- 6 oct 2025
- 3 Min. de lectura

Como todavía no me han escuchado, me voy a repetir. Leer las etiquetas de los productos de peluquería no es un detalle: es una base. Da igual si prefieres productos muy técnicos o 100 % naturales, debes saber exactamente qué estás aplicando en la piel de los perros y gatos… y también en tus propias manos.
Y no olvidemos tus vías respiratorias y tus ojos.
Cada vez que abres un frasco, aplicas un producto en el perro, diluyes un polvo o pulverizas un spray, diminutas partículas se difunden en el aire. Las respiras, tus ojos las absorben. ¿El resultado? Irritaciones, alergias, migrañas, tos crónica, sensibilizaciones que se instalan poco a poco… Y todo eso porque no te tomaste el tiempo de averiguar qué contenían realmente tus productos.
¿Por qué es tan importante?
Leer las etiquetas no es un lujo. Es una cuestión de:
Seguridad animal: un ingrediente mal elegido puede provocar picores, reacciones cutáneas o incluso intoxicaciones.
Seguridad humana: tus manos, tus pulmones y tus ojos son tus primeras herramientas de trabajo. No las sacrifiques por un producto no identificado.
Responsabilidad profesional: en caso de problema, eres tú quien responde ante el cliente y, a veces, incluso ante la ley.
Credibilidad: tus clientes esperan respuestas claras. Si no sabes explicar lo que usas, tu experiencia pierde valor.
Lo que realmente aparece en una etiqueta
Muchos peluqueros piensan que una etiqueta es solo un diseño bonito y dos o tres palabras tranquilizadoras: “natural”, “suave”, “especial cachorros”. Error.
Una etiqueta seria debe indicar la lista completa y exacta de los ingredientes.
En los cosméticos humanos se utiliza la nomenclatura INCI (International Nomenclature of Cosmetic Ingredients). En los productos de peluquería no es obligatorio… lo que significa que a veces las listas son vagas, incompletas o enmascaradas con términos genéricos como “perfume” o “agentes limpiadores”.
Los activos destacados (aloe vera, aceite de argán, queratina…) siempre están presentes en pequeñas cantidades, y eso es normal. Pero ojo: su papel comercial es evidente. Escritos en grande en la parte delantera, están sobre todo para hacer olvidar la presencia de ingredientes mucho menos atractivos: tensioactivos agresivos, conservantes potentes, perfumes alergénicos, etc.
Químico o natural: no importa, lo importante es ser consciente
El debate “químico vs natural” no es lo más relevante.
Un champú técnico y muy químico puede ser eficaz, pero hay que saber qué contiene y cómo usarlo de forma segura.
Un producto artesanal muy natural puede ser suave, pero también puede contener aceites esenciales alergénicos o mal dosificados.
Lo importante es la transparencia y tu capacidad de hacer una elección informada.
¿Cómo empezar en la práctica?
Acostúmbrate a darle la vuelta a tus frascos. Lee la lista completa de ingredientes, no solo las promesas comerciales del frente.
Toma notas y compara. Cuando encuentres un ingrediente que no conoces, investígalo. Haz tu propia ficha.
Construye tu pequeña “biblioteca de ingredientes”. Puedes usar recursos fiables como bases INCI o sitios más técnicos como PubChem.
Protégente. Ventila tu espacio, usa guantes al manipular productos, gafas protectoras para los sprays y una mascarilla adecuada si trabajas con polvos o sustancias volátiles. Tus pulmones te lo agradecerán.
Conclusión
Leer las etiquetas significa dejar de confiar ciegamente.Significa recuperar tu papel de profesional que sabe, que elige y que puede explicar.
La próxima vez que compres un champú o un bálsamo, no te dejes seducir solo por el marketing. Dale la vuelta al frasco. Analiza la lista. Haz tus elecciones con conocimiento de causa.
Porque tu credibilidad, tu salud y el bienestar de los animales que cuidas se juegan en esas pocas líneas de ingredientes.





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